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Desplome de Transportes Mercancías (Lunes, 25 de Mayo de 2009)
El transporte es un sector especial. Cuando sus profesionales se unen, circunstancia extraña, es capaz de paralizar un país. Pero lo normal es que el variopinto universo de chóferes, autónomos y transportistas sufra en silencio los reveses de la economía. Como ahora. Cae la industria, cae el consumo, caen las importaciones y las exportaciones y eso supone menos movimiento. La Confederación Española de Organizaciones Empresariales de Transporte por Carretera (Conetrans) estima que las cargas se han desplomado un 30 % en el último año en todo el país. Y eso pone en la picota a los más de 18.000 profesionales del sector que trabajan en Euskadi, según datos del Gobierno vasco. De ellos, 14.138 conducen vehículos pesados y 4.122, ligeros.
En realidad, la crisis del transporte «es estructural», reconocen desde la patronal Asetravi. Hace un año lidiaba con el caprichoso encarecimiento del petróleo y ahora que baja el combustible tiene que vérselas con la crisis económica. Además, de fondo, está el intrusismo en el sector que, alimentado por profesionales procedentes de otros países, contribuye a que los precios se desmoronen. Un problema que se agudiza en estos momentos de vacas flacas, asegura Amaya Martínez, secretaria general del sindicato de transportes Sintrabi. Porque los cargadores pagan menos y siempre encuentran a alguien «lo suficientemente desesperado para pasar por el aro». Incluso en el caso de lograr viajes, los problemas continúan a la hora de cobrar. «Antes pagaban a sesenta días. Ahora, en el mejor de los casos, a 90 ó 180. Mientras tanto, los gastos llegan cada mes», se lamenta Martínez.
Con buena parte de la flota parada, se multiplican los despidos de chóferes. Las empresas que daban carga a los autónomos -los trabajadores por cuenta propia representan el 80 % del sector- han dejado de hacerlo. Y las propias compañías de transporte, la mayoría con un reducido número de vehículos, se ven en el dilema de elegir entre salir a realizar trabajos puntuales e incluso deficitarios o quedarse paradas.
Carmelo, José María y Juan Luis tienen algunas claves porque ellos sí son expertos en supervivencia.
CARMELO GONZÁLEZ
Autónomo. Tiene un camión
«Estoy fundiendo los ahorros»
«Un mes malo puedes trabajar ocho días y uno muy malo, cinco. Meses buenos no hay». Carmelo abre las manos y los ojos y parece confuso. «¿Cómo se puede vivir así?». Es autónomo y tiene un camión con el que lleva años arrastrando graneles sólidos por media España: chatarra, carbón, abonos, acero, cemento, harinas... Entre el 60 y el 70 % del trabajo procede del Puerto de Bilbao, el termómetro que mide la temperatura de la economía vasca. Y parece que su salud no es buena.
Carmelo pertenece a la cooperativa vizcaína Transvol y asegura que su carga de trabajo ha bajado un 60 % este año. Entre los 122 camiones asociados se reparten los pocos viajes que los mantienen ocupados escasos días al mes. Por supuesto, eso se nota en la facturación. «Los ingresos anuales hasta ahora estaban en unos 100.000 euros brutos. Este año no cuento con llegar a 40.000». Carmelo factura ahora unos 3.000 euros mensuales. Si se restan gastos, la cosa sangra: «900 se van en gasoil, 440 a la Seguridad Social, 360 para la cuota de la cooperativa... A todo eso suma los seguros, las ruedas, los impuestos municipales, aceites...». ¿Y las letras del camión? «Esa es otra. Sólo el tractor, sin la plataforma, cuesta cien mil euros, y se suele cambiar cada cinco años».
-Las cuentas no salen...
-¡Pues claro que no salen! Y eso que yo ya tengo el piso pagado. Aún así, estoy fundiendo los ahorros. Yo y todos los transportistas estamos perdiendo dinero, empeñando a la familia y a todo Dios para mantener el camión porque, aunque quieras abandonar la actividad y vender el vehículo, nadie lo compra.
Carmelo conoce a compañeros que han tenido que rehipotecar pisos y hablan cada vez más de tirar la toalla. De por medio hay hijos que estudian y esposas que buscan empleos en lo que sea. ¿Hasta cuándo se puede soportar esta situación? «El sector no va a aguantar hasta final de año. Si esto sigue así, se va a caer muchísima gente». Entorna los ojos y se aprieta las rodillas. «Yo creo que tras esta crisis el 40 % de la 'tropa' desaparece».
También apunta soluciones de emergencia: que las administraciones apoyen a las grandes empresas, «como las acerías», que son las que «más transporte generan» y que esos dineros vayan a mejorar «la producción y no a arreglar sus cuentas». Para su sector pide «flexibilidad a Hacienda para pagar la Seguridad Social», que los créditos ICO sean ágiles, que los pagos de las empresas no se retrasen a los 180 días...
Aún con todo eso, dice, el bálsamo sería «insuficiente». Cuando se le tacha de catastrofista, razona su pesimismo. Dice que la economía no va a repuntar hasta situarse donde estaba, sobre todo por la evaporación de la ilusión inmobiliaria. En los últimos años «aumentó muchísimo la flota de camiones y ya no hay, ni habráen el futuro, trabajo para todos».
JOSÉ MARÍA ARTETXE
Ex transportista
«No he tenido más remedio que abandonar»
José María está «superperdido». Normal. Después de 22 años detrás de un volante ha pasado a verse rodeado de marcos y escayolas. Es una de las primeras víctimas de la crisis del sector. De nada sirvieron los meses de intentos infructuosos por conseguir cargas y, al final, tuvo que agarrar el salvavidas que le lanzó su cuñado. «Tiene un negocio de decoración desde hace ocho años. No es que esté muy boyante, pero tenía que coger a alguien y me ha contratado a mí».
Antes de llegar a esta situación ha recorrido un desierto. Hasta hace unos meses era autónomo, trabajaba en exclusiva para «una empresa de medicamentos» y se dedicaba a hacer repartos por Vizcaya. Lo hacía en una furgoneta ligera, «de 2.590 kilos de MMA». Las cosas empezaron a torcerse a mediados del pasado año, cuando la compañía, por una política de contención de gastos, «nos dejó trabajando a media jornada». Y a medio sueldo. «Pasamos a facturar entre 1.000 y 1.500 euros, y eso no da para pagar autónomos, gasolina, reparaciones...».
José María está convencido de que la empresa utilizó esta «maniobra» para sacarles de en medio a él y a sus compañeros. «Aguantamos un par de meses así, y nos acabaron echando. Luego, cogieron a otros». Incluso fue a juicio, pero «no nos reconocieron como autónomos dependientes, de manera que así nos quedamos».
Como su mujer trabaja tuvo margen para buscar alternativas sin que sufriesen las crecientes necesidades de sus dos hijos. Sin embargo, «compañeros míos las pasaron canutas». Durante varios meses José María fue tirando de ahorros y llamando a las puertas de decenas de empresas, pero «todo estaba parado. Conseguí algún trabajo de paquetería pequeña, pero no cubría gastos». Hasta que lo dio por imposible.
Todo este proceso fue acompañado de puntuales colaboraciones en la tienda de su cuñado que le servían de lenitivo a sus maltrechas finanzas. Hasta que se metió de lleno en el sector de la decoración. «No he tenido más remedio que abandonar el transporte, después de 22 años. El mes pasado me di de baja».
Ha puesto en venta su tarjeta de transporte, porque no hay vuelta atrás. Pero nadie la quiere. «La tengo en la asesoría, aunque ya me dijeron que tenían varias desde hace ocho meses y nadie llama para comprarlas».
JUAN LUIS BIKARREGUI
Empresario. Tiene cuatro camiones
«Esto se veía venir y me pasé a la gasolina»
Ha sido difícil dar con un transportista que se encuentre en una situación sólo mala y no catastrófica. Es Juan Luis Bikarregui. También es cierto que ha enderezado el timón a tiempo y «el año pasado dejé la carga general porque se veía que llegaban tiempos de sequía». ¿Qué cosa se necesita haya crisis o no? «La gasolina. Tengo tres camiones cisterna que abastecen gasolineras y otro con gas natural». Cuidado, esta circunstancia no lo hace impermeable a la recesión. «El gas es el más afectado y los viajes han bajado un 50 % . La caída en la gasolina, depende del mes, está entre un 20 y un 30 % ». Duro golpe pero, de momento, asumible. Porque en «bobinas, palanquilla, hierro... eso sí ha bajado como para quitar vehículos. Ahí no se vive».
Del negocio de Juan Luis sí viven sus tres chóferes. Y él. «No me bajo del camión porque contratar a otra persona sería una quiebra total». Así que surte de combustible a gasolineras de los tres territorios vascos sobre un camión con 17 años de antigüedad y con 2,2 millones de kilómetros. Admite que «debería haberlo cambiado hace tiempo», pero no está la situación para alegrías. Primero, porque sabe que «la gente va al banco y no le dan crédito para nada». Segundo, porque hacer frente a una letra pondría patas arriba a la empresa. Y, tercero, porque «si esto se va al traste, a ver qué hago yo con un vehículo nuevo». En fin, economía de guerra y tirar con lo que hay. «Me he tenido que apretar el cinturón, pero sobre todo me preocupa el camión del gas... Estoy mirando si se puede mantener o no». Porque es esta mercancía la que más sufre la recesión y la falta de actividad en la industria.
Naturalmente, la preocupación también contagia a los tres chóferes que tiene contratados. Saben bien que ciertos días ni salen, que los camiones se quedan parados, y que hay que esperar la llegada de un buen día con el que salvar la semana. «Antes cada camión hacía al día tres viajes cortos, por dentro de Euskadi, o uno largo, a Huesca o Zaragoza. Ahora, cuando no nos quedamos parados, nos tenemos que conformar con un viaje corto», lamenta Juan Luis.
En definitiva, «lo estamos pasando sumamente mal». Y el transportista no pierde la oportunidad de apuntar con el dedo a las autoridades, a «la Guardia Civil y la Ertzaintza como el Gobierno también debe estar mal, hay que sacar dinero de donde sea y te hacen la vida imposible». En las circunstancias actuales, la multa de 1.500 euros que le 'recetaron' hace poco hace demasiado daño, así que no escatimó esfuerzos en el recurso que la dejó en 300 euros.
Juan Luis mira al futuro con cierta esperanza porque «esto tiene que mejorar». Ir a peor no es una opción. «Si se para el segmento que yo trabajo, si deja de consumirse gasolina, entonces es que el país ha dejado de funcionar».
Previsión de futuro
Ni hay brotes verdes ni luz al final del túnel pero, al menos, parece que lo peor ha pasado. Ovidio de la Roza, presidente de Conetrans, certifica que «en febrero se sufrió la máxima caída en el transporte». Pero según sus previsiones, y teniendo en cuenta que el sector de la vivienda no volverá a ser lo que ha sido, hasta dentro de cinco años no se regresará a la actividad que había antes de la crisis. O no. O viceversa. «Hay muchas incertidumbres. Todo son conjeturas».
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